miércoles, enero 30, 2008

Sweeney Todd, directo a la yugular

Adoro los musicales. Desde muy pequeña eran, sino mi género favorito, sí uno de los principales. Me pasaba las horas muertas repasando mi día y convirtiéndolo en un escenario dónde cantar cómo me sentía...no en vano, mi amigo César dice que estar conmigo es cómo ver una película de Disney: siempre cantando.

Adoro a Tim Burton. Reconozco que no hay nada que haya hecho que me disguste, algunas de sus obras tienen algún pero…pero corto, casi insignificante. No me canso de revisar una y otra vez sus cintas, entrar y formar parte de su extravagante pero coherente mundo, es mi pasatiempo favorito.

Y entonces llegó 2008, que no ha hecho más que comenzar, y se ha convertido en un año fantástico: las dos cosas que más me gustan se funden en una para convertirse en, y creo que no me equivoco, lo mejor que va a ofrecernos el panorama filmográfico durante este año.

Y es que Tim Burton ha presentado la adaptación cinematográfica del musical Sweeney Todd. Métanse un momentín en mi piel: ¡¿no son los más felices del mundo en este momento?!

Hace ya una semana que tuve la enorme suerte de verla en el preestreno de Madrid y cada rato que pasa, me gusta más la cinta. Los actores, la fotografía, las letras (pero es que quién haya tenido la oportunidad de ver el musical en teatro, ya sabe de qué estoy hablando), el diseño de producción,…todo!

Tim Burton aborrece los musicales de Broadway, todo ese tufillo sentimentaloide, pero Sweeney Todd le atrajo poderosamente muchos años ha, y tenía que convertirlo en suyo, y no de Broadway. Habló con su inestimable amigo y apasionado de las películas antiguas de terror, le transmitió toda esa pasión, como sólo el pelo más característico de Hollywood sabe hacerlo, y aquí tenemos el resultado: únicamente Burton podría ser capaz de arrancar a Depp esa tremenda timidez que le caracteriza, y ponerle a cantar frente al mismísimo Sondheim.

Desde el primer segundo de metraje todo presagia que esto no va a ser fácil: unos sangrientos títulos de crédito dan comienzo a Sweeney Todd, la curvilínea y barroca forma que tiene Burton de contar historias visuales, pero esta vez atreviéndose con una genial obra maestra convertida en banda sonora, catalogada por los expertos como la más difícil y compleja de cantar en la historia de los musicales, con pasajes increíblemente disonantes. La desaparición de Danny Elfman, en esta ocasión, era más que justificada, la música magistralmente compuesta por Sondheim, necesitaba una carga tenebrista y negra que Elfman no imprime, sus deliciosas melodías no hacían migas con la navaja.

Todos y cada uno de los actores tenían que cantar e interpretar, al fin y al cabo, Sweeney Todd es una historia contada a través de las canciones. Y tenían que hacerlo no sólo frente al director de casting o al productor, sino delante del mismísimo Sondheim, ¿se imaginan que tuvieran que representar una obra de teatro frente a, nada más y nada menos que, Shakespeare?, pues eso...En este trance, también estaba la extravagante Helena Bonham Carter, y es que ser novia del director, en este caso, no era para ella lo que definiría su papel, quería ser la Sra. Lovett por méritos propios. Y vaya si los tenía. Encandiló al mismísimo compositor de la obra. Tanto es así, que la Carter tiene, sin duda alguna, una de las piezas, cantadas e interpretadas, más complicadas de toda la obra: la escena en la que Sweeney Todd y ella entran en la tienda por primera vez es, con diferencia, una de las más completas: la Sra Lovett, tiene que cantar una disonante, rápida y compleja canción al tiempo que prepara una pastel con todos sus componentes, manejar hábil y certeramente un enorme cuchillo y desproveer de cucarachas y bichos varios el mostrador dónde prepara lo que ella misma define como “las peores empanadas de todo Londres”, y lo resuelve de forma simplemente colosal. Cada momento que el tandem Depp-Carter comparten en escena, se comen, literalmente, la cámara. Sus voces empastan a la perfección y su capacidad de interpretación es maravillosa frame a frame.

El resto de los personajes; un solvente y magistral Alan Rickman, que comparte con Depp otro de los momentos más estremecedores y vibrantes de la cinta. Su fiel y nauseabundo criado, Bamford interpretado por un curtido Timothy Spall, Johanna y Anthony, esa secundaria historia de amor interpretada muy correctamente por los jovencísimos y desconocidos Jaime Campbell Bower y Jayne Wisener y por último, el papel del barbero contrincante muy decentemente defendido por un Sacha Baron Cohen que se aleja de su conocida faceta Borat.

Sweeney Todd es la historia de una injusticia, como tantas otras veces, la historia, rizando el rizo desde Burton, de un amor encubierto y retorcido, es un musical de terror, pero también es un drama cautivador y una comedia negra, negrísima. Porque, en realidad, la historia no nos cuenta nada extraordinario, pero la forma de contarla es ágil e hipnótica. Dice la leyenda que está basada en hechos reales y, dicen, que sin dato probatorio no hay crimen, pero son tantas las reseñas acerca del barbero diabólico de Fleet Street, desde el valenciano Jaume Roig, que en 1460 compuso El Espejo (Espill creo que es en valenciano) derramando en sus versos parte de esta historia, hasta los cuentos populares repartidos a lo largo y ancho del S.XIX, que a pesar de no existir esos datos fidedignos, una servidora, al menos, no puede dejar de pensar que cuando el río suena…

Pero volviendo al film, repanchingarse, literalmente, en la butaca para disfrutar, es una acto que pide el cuerpo a los pocos minutos de comenzar el metraje, vemos recuperado el sentido del humor que Burton parecía haber olvidado en otras propuestas anteriores, y comprobamos el acierto, una vez más, al conseguir que el público empatice al instante con sus personajes, pero ¡ojo!, sin perder su seña de identidad; diseño de producción oscuro con todo perfectamente atrezzado, gusto por los personajes atormentados que huyen despavoridos de la bidimensionalidad, filia por las bellezas extrañas, su sentido de lo mágico y lo bizarro mezclados deliciosamente, una obra maestra que no ha precisado justificar su veracidad o no.

La venganza es plato que se sirve frío, todos lo saben: ahora el que no tiene piedad es él, y junto a sus inseparables “amigas”, de forma terrorífica y sangrienta cortará gargantas hasta que la sangre salpique al espectador, saliendo con fuerza de las arterías. Londres, finales del S.XIX, casi en blanco y negro. Una siniestra historia de amor: un chico introvertido, una chica extrovertida, débiles ambos y buscando afecto, pieles de talco y gusto por emplear el "usted". Suelos de madera que crujen. Película aguda y oscura, pero emotiva y trágica. Les aseguro que ya han pasado a la historia del director y del cine esos últimos diez minutos inconmensurables…

Y para los amantes del musical, como yo, diré que, efectivamente, todo lo que huele a Broadway ha sido eliminado de la película. Canciones bandera del musical como la maravillosa y dificilísima “Not while I’m around” quedan denostadas a una pequeña muestra, muy bien traída, por el pequeño Ed Sanders, en el papel de Toby, y por la fantástica interpretación de la Bonham Carter.

Otras tantas piezas se caracterizan por una dificultad vocal altísima, no sin razón, y cómo ya he dicho en algún momento de este soliloquio, la música de Sweeney Todd es de las más difíciles jamás compuestas para una obra teatral. Algunas canciones no son logradas en toda su magnitud por la capacidad vocal de Depp, pero lo mejor de todo esto, es que esa deficiencia está más que sobradamente cubierta por una versatilidad y una emotividad de la que sólo este magnífico actor sería capaz. Contenido cuando debe y extremado cuando toca, el hombre de las mil caras, nos brinda una actuación, quizás, la mejor y más brillante de toda su carrera, y ya es mucho decir, con una sorprendente voz, tanto para propios como extraños, rozando la peculiaridad y el glam de la calidad vocal de David Bowie, fíjense si no lo han hecho porque me terminarán dando la razón.

Y es que, no en vano, Johnny Depp ha conseguido, gracias a esta magistral interpretación, el Globo de Oro al Mejor Actor de Musical y, espero, aunque con la habitual habilidad de la academia para defenestrar su trabajo, obtenga un Oscar por la misma…aunque aquí he de hacer un inciso, porque estando mi adorado Daniel Day-Lewis optando al mismo premio, tendré el corazón dividido pero contento, pase lo que pase.

En definitiva, una auténtica obra maestra, un deleite visual y sonoro, una historia que avanza al ritmo de unas excelsas canciones, a cuál más inverosímil y retorcida, complementadas por exquisitas letras que dotan de un humor negro a la película que consigue contrastar con su melancolía. Su puesta en escena es poderosa e impactante, los decorados aterradores, la fotografía oscura y lúgubre y la banda sonora apabullante en todos los sentidos. Unas magistrales interpretaciones de personajes redondos, llenos de historia, definidos y detectables, actores que están más allá de lo genial. No podía ser de otra manera, Burton sabía que, para dar vida cinematográfica a esta historia, los actores debían cantar y no los cantantes debían interpretar. Sutil, brillante, genial…directo a la yugular.

1 comentario:

Persephone dijo...

Jejeje! lo consegui!! vaya vaya...dan como ganas de verla..aqui tengo a tu madre q se va a comer la pantalla! mil muas!!!y ahora tu padre q no sabe q coño estoy haciendo!! jejeje!!!