No es país para viejos’ es una buena película. Basándome en esta aseveración, otorgo al lector a que si alguien dice: "pues, no es pelicula típica de los Coen o algo tan gilipollesco como "menudo truño", o bien lo mande donde da la vuelta el aire, o proceda a retirarle el saludo. Todo vale.
Los Coen dan asco. Hay que empezar por ahí, porque lo cortés no quita lo valiente. Sus películas suelen molar tanto que casi to'kiski se gusta diciendo: adoro a los Coen. Si fuesen naturales de Uzbekistán y su cine sólo pudiera verse entre la bruma de intenso hedor a pies y sobaco de una filmoteca, uno estaría disfrutando de buen cine y encima sería especial. Pero aquí la comercialización de un buen producto a la masa media nos exime de la posibilidad de ser la leche al consumirlo: ¡una verdadera lástima!
El caso es que ‘No es país para viejos’ está muy bien. Lo cuál no me exime, de analizarla de forma mucho más profunda y crítica, con todos los sentidos, porque ni es tan imprescindible como dicen, ni es tan coñazo como cuentan. A lo pragmático.
Vista
Nos encontramos ante una película de suspense con la apariencia de las mejores historias del oeste. Caballeros que se persiguen para ajustar cuentas. De hecho, podrían ser el bueno, el feo y el malo; son el buen hombre con bigote veterano de guerra que habla poco pero cuando lo hace es con sarcasmo, el anciano desorientado y confundido desde que no se le levanta, y el cabrón con pintas, al cual, por cierto, interpreta con gran éxito Javier Bardem. Ganará el Oscar si aún persiste la costumbre de dárselo a quienes hacen papeles de enfermos o disfuncionales. En este caso, nuestro hijo pródigo sólo abre la boca en unas pocas ocasiones y es para soltar frases cortas con voz gutural y cazallosa. A mi, personalmente, me fascinó mucho más la interpretación de Brolin. En cualquier caso, si hay un lugar en el mundo donde no se valora en absoluto a los inútiles ese es Estados Unidos. El éxito de Bardem no puede ser casual.
Por lo demás, a la meticulosa, detallista y gratamente caprichosa fotografía, hay que añadir un ritmo lento e inquietante, sobrecogedor y una banda sonora cojonuda. Tres ingredientes fascinantes. El primero, la fotografía, porque merece la pena ver la película un par de veces para que nuestro cerebro la succione en su totalidad; el segundo, la narración suave, despacito, con buena letra, pero sin pausa y, el tercero, el silencio. Debe ser duro, en este sentido, verla en el cine con todos los ruidos que hay en este tipo de locales, a saber, móviles, carraspeos, Johnattans y Deborahs –sí, por supuesto, naturales de las localidades que une el Metrosur de la CAM- haciendo comentarios en voz alta y crujir continuo de frutos secos y guarrerías varias. Yo, menos mal, decidí ir a verla con mi chico a los cines Ideal en V.O., acción que recomiendo muy encarecidamente, porque éstas películas traducidas pierden todo el encanto.
Olfato
El aroma de ‘No es país para viejos’ no resulta extraño. A ratos, me hiede a España, a saber: carretera comarcal castellano-manchega, veinte de julio a las quince catorce horas. Ese es el rollo. La acción transcurre en El Paso (Texas) y otras zonas del sur de EEUU. Es curioso cómo se presenta siempre en el cine este lugar. Me vienen a la mente películas dispares, pero todas transmitiendo la misma sensación de asco, hastío y aburrimiento. La Frontera (1982), con Jack Nicholson, fue un fracaso pero hay escenas de soledad y cansancio vital muy logradas, incluyendo la sensacional banda sonora de Ry Cooder y su ‘Skin game’ sonando en los putis clandestinos mexicanos. También ‘Paris, Texas’ (1984), de nuevo con Ry Cooder pero esta vez con la que luego fue sintonía de Documentos TV. Qué decir de esta obra de Wim Wenders con guión de Sam Shepard. Es la mortificación en vida sureña por excelencia. La propia obra de Sheppard, donde sus ‘Cuentos de motel’ nos pintan un panorama del sur que ríete tú de atravesar Despeñaperros a pie y con botijo. Del mismo modo que la muy reciente ‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’ que al verla tiene uno la sensación en el paladar de que está tragando arenilla.
Es decir, tenemos una película que transcurre despacio en un lugar donde no pasa el tiempo. Buena mezcla. Pero hay una vuelta de tuerca más.
Gusto
Porque resulta que ‘No country for old men’ trata de un tipo al que los tiempos le han dado hasta en el carné de identidad y le han sacado de la circulación. Los monólogos que se marca Tommy Lee Jones, el sheriff, en este sentido, son un tanto dispersos y no invitan ni a tratar de averiguar qué narices está filosofando exactamente, pero hay diálogos geniales, como el que tiene con un compañero que se pregunta: “Tanta libertad… adónde nos ha llevado”. Y el sheriff contesta: “Todo se acaba cuando se deja de decir señor y señora a los demás” (viene a decir, más o menos).
Al final, queda bastante claro que esta entrega de los Coen añade, a su colección de personajes singulares, un tipo a medio camino entre la policía de ‘Fargo’ –estupefacta ante los acontecimientos, frente a la codicia, egoísmo,…- y ‘El hombre que nunca estuvo allí’ dado que este sheriff tiene el don de topar con la clave del meollo dos décimas más tarde de lo necesario para llegar en el momento preciso. Es ‘El sheriff que nunca llegó a tiempo’.
Para mí hay dos decepciones claras en la película: por un lado, la escena clave de todo el asunto queda un tanto deshilachada. Se presta a demasiadas interpretaciones: una moneda en el suelo (que algunos de los que se hayan aburrido ni habrán visto) de la que se pueden deducir bastantes cosas. Igual se trata de arte puro, del puro, puro, del güeno, vaya. Por otro lado, el final tal cuál se plantea, insulta al espectador, y ¡ojo! que no lo digo porque no cubra mis expectativas desde el inicio, lo digo porque, simplemente, ataja de una forma pueril la tensión desarrollada entre los dos personajes durante toda la cinta.
Concluyendo, creo que los Coen, andan un poco de capa caída. Ya se vislumbraba viento de tormenta en “El hombre que nunca estuvo allí”, pero para la posteridad quedan perlas como “Arizona Baby”, “Muerte entre las flores”, la maravillosa “Fargo” o Sangre Fácil.
A recordar: la persecución con perro por el río. A destacar: si hay algo de brillante en la cinta es el tridoblamiento del, para mí, único personaje principal que se nos presenta como tres hombres diferentes pero iguales, con patrones de comportamiento semejantes, principios arraigados y sólidos y valores morales de los viejos hombres de toda la vida. Aunque como diría mi hermana: total, ¡si a los viejos no les gusta el country!
Los Coen dan asco. Hay que empezar por ahí, porque lo cortés no quita lo valiente. Sus películas suelen molar tanto que casi to'kiski se gusta diciendo: adoro a los Coen. Si fuesen naturales de Uzbekistán y su cine sólo pudiera verse entre la bruma de intenso hedor a pies y sobaco de una filmoteca, uno estaría disfrutando de buen cine y encima sería especial. Pero aquí la comercialización de un buen producto a la masa media nos exime de la posibilidad de ser la leche al consumirlo: ¡una verdadera lástima!
El caso es que ‘No es país para viejos’ está muy bien. Lo cuál no me exime, de analizarla de forma mucho más profunda y crítica, con todos los sentidos, porque ni es tan imprescindible como dicen, ni es tan coñazo como cuentan. A lo pragmático.
Vista
Nos encontramos ante una película de suspense con la apariencia de las mejores historias del oeste. Caballeros que se persiguen para ajustar cuentas. De hecho, podrían ser el bueno, el feo y el malo; son el buen hombre con bigote veterano de guerra que habla poco pero cuando lo hace es con sarcasmo, el anciano desorientado y confundido desde que no se le levanta, y el cabrón con pintas, al cual, por cierto, interpreta con gran éxito Javier Bardem. Ganará el Oscar si aún persiste la costumbre de dárselo a quienes hacen papeles de enfermos o disfuncionales. En este caso, nuestro hijo pródigo sólo abre la boca en unas pocas ocasiones y es para soltar frases cortas con voz gutural y cazallosa. A mi, personalmente, me fascinó mucho más la interpretación de Brolin. En cualquier caso, si hay un lugar en el mundo donde no se valora en absoluto a los inútiles ese es Estados Unidos. El éxito de Bardem no puede ser casual.
Por lo demás, a la meticulosa, detallista y gratamente caprichosa fotografía, hay que añadir un ritmo lento e inquietante, sobrecogedor y una banda sonora cojonuda. Tres ingredientes fascinantes. El primero, la fotografía, porque merece la pena ver la película un par de veces para que nuestro cerebro la succione en su totalidad; el segundo, la narración suave, despacito, con buena letra, pero sin pausa y, el tercero, el silencio. Debe ser duro, en este sentido, verla en el cine con todos los ruidos que hay en este tipo de locales, a saber, móviles, carraspeos, Johnattans y Deborahs –sí, por supuesto, naturales de las localidades que une el Metrosur de la CAM- haciendo comentarios en voz alta y crujir continuo de frutos secos y guarrerías varias. Yo, menos mal, decidí ir a verla con mi chico a los cines Ideal en V.O., acción que recomiendo muy encarecidamente, porque éstas películas traducidas pierden todo el encanto.
Olfato
El aroma de ‘No es país para viejos’ no resulta extraño. A ratos, me hiede a España, a saber: carretera comarcal castellano-manchega, veinte de julio a las quince catorce horas. Ese es el rollo. La acción transcurre en El Paso (Texas) y otras zonas del sur de EEUU. Es curioso cómo se presenta siempre en el cine este lugar. Me vienen a la mente películas dispares, pero todas transmitiendo la misma sensación de asco, hastío y aburrimiento. La Frontera (1982), con Jack Nicholson, fue un fracaso pero hay escenas de soledad y cansancio vital muy logradas, incluyendo la sensacional banda sonora de Ry Cooder y su ‘Skin game’ sonando en los putis clandestinos mexicanos. También ‘Paris, Texas’ (1984), de nuevo con Ry Cooder pero esta vez con la que luego fue sintonía de Documentos TV. Qué decir de esta obra de Wim Wenders con guión de Sam Shepard. Es la mortificación en vida sureña por excelencia. La propia obra de Sheppard, donde sus ‘Cuentos de motel’ nos pintan un panorama del sur que ríete tú de atravesar Despeñaperros a pie y con botijo. Del mismo modo que la muy reciente ‘Los tres entierros de Melquíades Estrada’ que al verla tiene uno la sensación en el paladar de que está tragando arenilla.
Es decir, tenemos una película que transcurre despacio en un lugar donde no pasa el tiempo. Buena mezcla. Pero hay una vuelta de tuerca más.
Gusto
Porque resulta que ‘No country for old men’ trata de un tipo al que los tiempos le han dado hasta en el carné de identidad y le han sacado de la circulación. Los monólogos que se marca Tommy Lee Jones, el sheriff, en este sentido, son un tanto dispersos y no invitan ni a tratar de averiguar qué narices está filosofando exactamente, pero hay diálogos geniales, como el que tiene con un compañero que se pregunta: “Tanta libertad… adónde nos ha llevado”. Y el sheriff contesta: “Todo se acaba cuando se deja de decir señor y señora a los demás” (viene a decir, más o menos).
Al final, queda bastante claro que esta entrega de los Coen añade, a su colección de personajes singulares, un tipo a medio camino entre la policía de ‘Fargo’ –estupefacta ante los acontecimientos, frente a la codicia, egoísmo,…- y ‘El hombre que nunca estuvo allí’ dado que este sheriff tiene el don de topar con la clave del meollo dos décimas más tarde de lo necesario para llegar en el momento preciso. Es ‘El sheriff que nunca llegó a tiempo’.
Para mí hay dos decepciones claras en la película: por un lado, la escena clave de todo el asunto queda un tanto deshilachada. Se presta a demasiadas interpretaciones: una moneda en el suelo (que algunos de los que se hayan aburrido ni habrán visto) de la que se pueden deducir bastantes cosas. Igual se trata de arte puro, del puro, puro, del güeno, vaya. Por otro lado, el final tal cuál se plantea, insulta al espectador, y ¡ojo! que no lo digo porque no cubra mis expectativas desde el inicio, lo digo porque, simplemente, ataja de una forma pueril la tensión desarrollada entre los dos personajes durante toda la cinta.
Concluyendo, creo que los Coen, andan un poco de capa caída. Ya se vislumbraba viento de tormenta en “El hombre que nunca estuvo allí”, pero para la posteridad quedan perlas como “Arizona Baby”, “Muerte entre las flores”, la maravillosa “Fargo” o Sangre Fácil.
A recordar: la persecución con perro por el río. A destacar: si hay algo de brillante en la cinta es el tridoblamiento del, para mí, único personaje principal que se nos presenta como tres hombres diferentes pero iguales, con patrones de comportamiento semejantes, principios arraigados y sólidos y valores morales de los viejos hombres de toda la vida. Aunque como diría mi hermana: total, ¡si a los viejos no les gusta el country!